Y gritó con más fuerza…

Solía caminar de puntillas, sin hacer ruido. Él siempre acostumbraba a medir todos sus movimientos, si bien aquel día gritó con más fuerza que nunca. Retumbó en el silencio de la noche, un quejido ensordecedor que alcanzó cada uno de los rincones.

miedo3Lo más difícil ya lo había logrado, por fin se encontraba ahí, así que avanzó por el pasillo, solitario, pero con paso firme. Estaba dispuesto a destruir todo lo que encontrara a su paso, y, cierto era que nada se lo iba a impedir.

Irrumpió con el objetivo primordial de adueñarse de todo lo que allí se escondía. Dio un salto que hizo que la estructura principal del edificio se resquebrajara. Después de todo, el tiempo pasa, fugaz e inexorable, dejando penetrar hasta las más ligeras gotas de agua a través de sus paredes.

A pesar de que todo el mundo aseguraba que se trataba de un edificio robusto, capaz de resistir todo tipo de catástrofes, esto era diferente, y él era consciente de ello.

Había esperado hasta entonces para adentrarse allí, llevaba tiempo investigando acerca del lugar y conocía perfectamente todos sus secretos, por muy ocultos que se encontrasen, sabía que era el instante perfecto para actuar.

Comenzó a correr, al verse amenazado por una suave brisa que se precipitó de repente por una de las ventanas que daban al patio principal. Se inquietó, al mismo tiempo que se encolerizó, y consideró oportuno pasar a la acción en ese mismo instante.

Rebuscó en uno de sus bolsillos con gesto de rabia y sacó un puñal. No disponía ni de un segundo más, despuntaban los primeros rayos de sol y entendía que la noche era ideal para llevar a cabo su estudiado plan.

Entonces fue cuando gritó con más fuerza. Empezó a destrozar todas las paredes y el suelo, hizo añicos las vajillas, lanzó al suelo los espejos para no sentirse avergonzado al contemplar su reflejo. Nunca había estado orgulloso de ser así, pero era consciente de que vino a este mundo para matar, para destruir, para asesinar, para reducirlo todo a escombros.

De pronto se dio media vuelta impresionado por un halo de luz blanca que le desconcertó, y por un segundo flaqueó. Un susurro le interpeló que saliese de allí. Sintió que su energía se consumía y que esa fuerza desconocida para él podría hacerle desplomarse hasta caer al suelo.

No fue este su final. No debía serlo. Se levantó con más ímpetu y vigor que nunca. Exclamó que este era su momento y la luminosidad que se colaba tímidamente por las oquedades acabó desvaneciéndose.

Sabes-qué-es-‘el-grito-Wilhelm’
El escalofriante sonido de la madera al crujir en la quietud de la noche, se hizo presente de nuevo. Nada podría debilitarle ahora.  Cercó todas las ventanas con sus pesadas piedras, vistió las paredes con su propia sangre, empapó las plantas con sus lágrimas y gritó, más que nunca, para que el estentóreo lamento llegara a todas partes.

Ahora si, lo había conseguido. Se había apoderado de ella. Sería suya para siempre a menos que el albor fuese capaz de entrar por algún rincón abrasándole y reduciéndole a cenizas, para que éstas pudiesen dar paso a un nuevo hogar.

Así es, cuando el miedo habla, la esperanza calla.

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